El verano, en España, tenemos dos realidades, los que se van de vacaciones y se permiten incluso cerrar por vacaciones, y los que tienen doble estrés logístico: por un lado, entran en su máxima actividad, debido al turismo y al desplazamiento interno de población; y por otro, una escasez estructural de perfiles profesionales que impide cubrir miles de puestos clave. Con la paradoja de que tenemos millones de personas registradas como desempleadas.
España prevé crear cerca de 800.000 contratos durante el verano, impulsados sobre todo por hostelería, restauración, transporte, logística y comercio, que concentran casi el 80% de toda la contratación estival. Este incremento de actividad provoca: Aumento de la demanda de transporte y distribución, especialmente hacia zonas turísticas, mayor rotación de inventarios y necesidad de más entregas y rutas reforzadas. Tenemos poblaciones y tiendas que multiplican sus ventas y por tanto las veces que hay que servirlas.
Sin embargo, esta actividad punta coincide con un entorno donde la cadena de suministro ya arrastra problemas estructurales. El 73% de las empresas del gran consumo identifica la escasez de transporte como su mayor riesgo, y el 68% señala el absentismo laboral como amenaza creciente. Tenemos unas infraestructuras sin mantenimiento, carreteras donde no caben más agujeros y del tren, mejor no hablemos. A ello se suma el fuerte incremento de costes laborales y de transporte, que presiona la rentabilidad operativa.
España mantiene unos dos millones y medio de personas inscritas como desempleadas, sin contar los que tramposamente eliminaron del censo para decir que habían reducido el paro (los fijos discontinuos). Tenemos casi un millón ochocientas mil personas cobrando algún tipo de subsidio de desempleo. En teoría, tenemos demandantes y cobradores de ayudas, para cubrir de sobra las necesidades de personal y sin embargo sufrimos un desajuste profundo entre los perfiles disponibles y los que realmente necesita la cadena de suministro.
Los datos más recientes muestran que el 80% de las empresas logísticas no encuentra los perfiles que necesita, superando incluso la media europea.
Esta diabólica combinación de picos de actividad estacional y escasez de candidatos, genera un escenario especialmente complejo: Retrasos en entregas. dificultad para dimensionar plantillas, mayor riesgo de roturas de stock, sobrecostes.
En sectores como retail, alimentación o turismo, esta falta de trabajadores se convierte en un freno directo al crecimiento.
El desajuste no es coyuntural, sino estructural y venimos demasiado tiempo hablando de ello. Las políticas populistas aprobadas en los últimos años, y las que están, por aprobar ahondan el problema. Por el contrario, nuestros vecinos del sur que no son tan aburguesados como nosotros, nos están pasando por encima. Esto hace que cada vez más empresas se vayan desplazando allí, como hace años pasó, cuando vinieron aquí empresas que se trasladaban desde países aburguesados.
Un servidor, que es torpe, no entiende como dos millones de personas están cobrando algún tipo de subsidio y no somos capaces de cubrir las ofertas. ¿Es populismo a corto plazo? Ya es kafkiano pagar por no trabajar y no formar a los desempleados en lo que demandan las empresas ¿Es que preferimos la paguita a trabajar? En otros tiempos los españolitos, que no teníamos trabajo, íbamos a buscarnos la vida donde fuera, fuimos un país de emigrantes, teníamos hambre, como hoy tienen nuestros vecinos del sur.
El verano en España amplifica las tensiones de la cadena de suministro: mientras los sectores turísticos y logísticos alcanzan su máxima actividad, la falta de candidatos cualificados limita la capacidad de respuesta del país. La paradoja es evidente: millones de vacantes sin cubrir conviven con millones de personas cobrando desempleo. ¿NOS EXTINGUIMOS? o ¿resolvemos este desajuste?, que es clave, no solo para el verano, sino para la competitividad futura de la economía española.
Autor: Jose Ramón Illán. Vocal de RALOG

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