valentia y arrojo ralog

 

Hoy os invito a conocer una historia muy inspiradora sobre lo importante que es la determinación y el arrojo cuando tenemos claros cuáles son nuestros objetivos.

Quizá muchos conozcáis la historia de Bertha Benz, auténtica pionera en el mundo del automóvil, entorno aún hoy dominado por hombres. Bertha fue la primera mujer en recorrer una larga distancia conduciendo un vehículo a motor. Ocurrió en 1888 y su aventura se convirtió en uno de los grandes hitos de la historia de la automoción.

Sin duda Bertha era una mujer adelantada a su época. Estudió todo lo que una mujer podía estudiar en aquellos tiempos y aprendió mecánica en el taller familiar. Con el dinero de su dote financió el proyecto de su esposo, Carl Benz, que en Enero de 1886 solicitó al gobierno alemán para un vehículo motorizado de tres ruedas, llamándolo Benz Patent – Motorwagen.

mujeres en logisticaSabiendo ambos que habían creado algo que cambiaría el mundo, el éxito tardaba en llegar. En aquella época la gente no parecía interesada en la movilidad y aquella máquina no era bien recibida allá por donde pasaba. La mayoría de la gente se asustaba al ver pasar aquel coche sin caballos que tirasen de él. El Sr. Benz comenzó a desmoralizarse e incluso abandonó la idea de comercializar su invento. Y aquí es donde la determinación de Bertha entra en acción tomando una decisión, sin consultar a su marido, que iba a cambiar el curso de los acontecimientos.

Bertha y sus dos hijos Richard y Eugen, de trece y quince años respectivamente, emprendieron un viaje desde Mannheim a Pforzheim. Dejó una nota escrita a su marido donde decía: “Vamos a Pforzheim a ver a la abuela”. Aunque el verdadero objetivo de Bertha era demostrar al mundo la utilidad de aquel invento.

El viaje estuvo lleno de retos y dificultades. La primera, la necesidad de repostar. El vehículo funcionaba con Ligroína, un derivado procedente del refinado de petróleo que se utilizaba principalmente como disolvente de laboratorio y que sólo se podía encontrar en las boticas. En otro momento del trayecto, tuvo que pedir ayuda a un herrero para reparar la cadena de transmisión. Con gran capacidad de imaginación y haciendo gala de sus conocimientos mecánicos, ella misma hizo varios arreglos con los medios que tenía a su alcance. Desatascó una válvula obstruida con un alfiler de su sombrero, cubrió un cable eléctrico pelado con una liga y arregló el sistema de ignición con una pinza del pelo. Bertha Benz

Aquel rudimentario automóvil empleaba un sistema de termosifón para enfriar el motor, por lo que el suministro de agua fue una gran preocupación durante todo el viaje. Para solventar este problema, Bertha y sus hijos hacían acopio de agua en cada fuente que encontraban.

En las pendientes comprobaron que las dos velocidades y la escasa potencia del motor no eran suficientes para subirlas. Richard y Eugen tuvieron que apearse y empujar. En el camino, varias personas se asustaron por el automóvil y corrían despavoridos alejándose de ellos. Los relatos del viaje se transformaron en gran publicidad, tal como lo había buscado Bertha.
Su determinación por conseguir sus objetivos permitió a Bertha encontrar una solución a cada una de las dificultades encontró. Comprobar cómo las iba resolviendo fue el motivador más importante para llegar al final de su viaje.

Tras doce horas de trayecto, Bertha y sus dos hijos llegaron por fin a su destino. La prensa pronto se hizo eco de la hazaña, dado el revuelo que causaba aquella máquina cuando atravesaba las poblaciones. La publicidad que necesitaban los Benz estaba garantizada. Asimismo, gracias a las diversas incidencias que surgieron durante, el Sr. Benz pudo hacer mejoras en el vehículo y desarrolló nuevos dispositivos que fueron verdaderas innovaciones. Uno de esos avances fueron las pastillas de freno que Bertha inventó al añadir a los endebles frenos de madera unas suelas de sus propios zapatos.

Bertha BenzLa experiencia acumulada en la ida permitió una mejor planificación de la vuelta. Bertha se aseguró en su regreso pasar por farmacias, fuentes y lugares donde poder reparar los componentes del coche en caso de que fallaran. A su llegada a Mannheim, la publicidad del invento se disparó de manera espectacular. Gracias al boca a boca, la popularidad del invento y del inventor crecieron enormemente. El objetivo de Bertha estaba más que cumplido.

Hoy se puede seguir la ruta que siguió desde Mannheim hasta Pforzheim y su regreso posterior. Esta ruta es conocida como la “Bertha Benz Memorial Route”. Es un trayecto de 194 kilómetros, los mismos que recorrió en 1888 la intrépida Bertha. Durante la ida, es posible hacer una parada en la farmacia de Wiesloch, donde un monumento recuerda la hazaña. El regreso atravesando la Selva Negra es mucho más corto, siguiendo el curso del Rin. Quizá el punto más importante para cualquier entusiasta del automovilismo es su paso por el circuito de Hockenheimring, donde en la actualidad se celebra Gran Premio de Alemania de Fórmula 1 y el de Moto GP.

En pocos años, el invento se desarrolló de tal manera que enseguida se disputaron carreras por todo el continente y posteriormente por todo el mundo. Todo gracias a la decisión y atrevimiento de una mujer: Bertha Benz.

Bertha es un ejemplo muy inspirador en nuestra vida profesional. Es admirable su curiosidad y deseo por aprender disciplinas que no eran las propias de una mujer en su época. Estudiar mecánica se consideraba una inutilidad para las mujeres. Sin embargo eso le permitió tener los conocimientos adecuados para que su aventura llegara la buen término.

Su determinación fue clave para vencer las dificultades que surgen en cualquier proyecto. Sabía cuál era su destino y no se dejó vencer por los contratiempos, que siempre aparecen. Conocía bien cuál era su misión, y no dejó que nada se pusiera por delante con la seguridad de que estaba contribuyendo al desarrollo de un nuevo modo de transporte que cambiaría la sociedad.

Además supo involucrar en su aventura a sus hijos, necesarios colaboradores para el buen fin de la aventura. Fueron un gran equipo trabajando por un objetivo común.

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Autor: Roberto Aguado, Secretario General en RALOG – Red de Ayuda Logística

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