Hace años vivimos dos realidades, una las necesidades de las personas reales, trabajadores, estudiantes, pensionistas y otras el espectáculo mediático que organiza el trilero que preside el gobierno. Cada día se levantan pensando cómo salvar el día, cómo conseguir que los aletargados ciudadanos no vean la escandalosa corrupción. Si consiguen que hoy no hablemos de ellos, pues día salvado.
No voy a analizar qué preocupa a los españoles, sino qué sí nos preocupa a los que trabajamos en cadena de suministro.
Somos un sector crítico para la economía, tenemos problemas estructurales que afectan directamente al coste de vida, la competitividad y la capacidad del país para atraer inversión. Por otro, los “telediarios” dedican su tiempo a escándalos de corrupción, investigaciones judiciales y episodios llamémosle “llamativos”, que, aunque generan impacto mediático, no representan un riesgo comparable al de los desafíos logísticos que condicionan la vida de millones de personas.
¿Qué nos preocupa a los logísticos en el mundo real?
Escasez de suelo logístico y trabas burocráticas.
En los principales polos logísticos —Madrid, Barcelona y Valencia— apenas hay disponibilidad de suelo. Los proyectos tardan años en aprobarse debido a: trámites urbanísticos lentos, normativas ambientales complejas y falta de potencia eléctrica para nuevos centros automatizados.
Hay obras que se hacen eternas, tenemos el corredor Mediterráneo dormido, tenemos demasiado atomización en los puertos, que nos hace ineficientes y nuestro vecino del sur nos come por los pies.
Falta de conductores y personal cualificado
El sector sufre un déficit estructural de conductores y técnicos de automatización. Ya hemos hablado en estas páginas sobre ello muchas veces en los últimos años. Sólo recordar un dato, la edad media del transportista supera los 50 años y no hay relevo generacional.
Infraestructuras saturadas
España tiene puertos competitivos; pero existen cuellos de botella: Congestión en Valencia y Algeciras, baja cuota ferroviaria (menos del 5%), saturación en corredores clave como la A3, A2 o AP7.
La logística depende demasiado del camión y el corredor mediterráneo, ahí sigue, eternamente en proyecto, como la autovía Comunidad Valenciana Extremadura, que un servidor ha perdido la esperanza de verla acabada.
Costes energéticos y transición ecológica acelerada
Los centros logísticos automatizados consumen mucha energía, pero la red eléctrica no puede suministrarla, y todavía no hemos empezado, en serio, la electrificación del transporte pesado.
Estos problemas afectan directamente al precio de los productos, a la competitividad de las empresas y al empleo. Sin embargo, no suelen aparecer en las noticias.
Por otro lado, la agenda mediática: corrupción política y alertas inventadas.
Mientras la logística vive una crisis silenciosa, los telediarios suelen centrarse en temas de alto impacto emocional como:
Corrupción
Los informativos dedican su tiempo a: investigaciones judiciales y declaraciones de políticos. Temas que generan audiencia; pero rara vez explican cómo afectan a la economía real o al ciudadano más allá del ruido.
Alertas inventadas (especialidad del trilero).
Unos días tenemos enfrentamiento con uno de nuestros principales clientes, Estados Unidos, otros días son las promesas de construcción de millones de viviendas que nunca llegan, otros días apagón del país, otros días regularizaciones exprés de inmigrantes, otros días la alerta sanitaria del hantavirus… Veremos qué inventan con la venida del Papa.
Cada día el trilero, y sus miles de asesores, inventan una noticia para tenernos entretenidos unos días y mientras, que no hablemos de la corrupción de su gobierno, familia y acólitos. Cuando la cosa está muy mal, sólo tienen que sacar a Puente o Montero, abriendo la boca y otro día salvado.
Mientras la logística condiciona: El precio de los alimentos, la disponibilidad de productos, la competitividad de las empresas, la capacidad de exportación, el empleo. Los telediarios priorizan: escándalos políticos y sucesos “llamativos”.
La diferencia entre ambas agendas, logística y televisiva, revela una diferencia entre LA ECONOMÍA REAL Y MUNDO TRILERO.
El resultado, es que se informa mucho, sobre lo que genera ruido y poco sobre lo que genera consecuencias económicas profundas.
Autor: Jose Ramón Illán. Vocal de RALOG.

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