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“Breve repaso histórico y el papel del Estado”

“El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia” – Henry Ford

“Continuamos con el primer capitulo de este interesante estudio sobre la estrategia industrial en España ante la crisis”
Para analizar lo que ocurre en la industria hagamos un poco de historia. Hasta los años 80 en España teníamos una industria que era capaz de proporcionar una gran cantidad de bienes industriales al resto de sectores y a los consumidores finales.

Con la apertura de fronteras, recomendaciones de la OCDE, incorporación a la UE y la generalización de la globalización, empezó en nuestro país (que somos pioneros en lo malo, por desgracia) una fuerte desindustrialización que primero empezó por el sector textil (recordemos lo que eran Canals, Onteniente y Alcoy) y luego se extendió al resto de sectores. En la Comunidad Valenciana, solo se salvaron la Ford y la cerámica de Castellón.

Pusimos todos los huevos en el turismo y en la construcción (que parte venía del turismo y derivados –segundas residencias-). A partir de 2008 simplemente hemos sobrevivido a través de la exportación vía bajos salarios (que no incremento de la competitividad). Esto es, ‘achinándonos’ un poco… mientras que el valor añadido por trabajador sigue siendo inferior a la media de otros países.

Por otro lado, todos estaremos de acuerdo en que si deseamos cambiar la orientación de los sectores productivos para comenzar a recuperar parte de las industrias desaparecidas y no ser tan dependiente de China o de otros mercados dicho giro estratégico no se producirá por si solo – con la barita mágica del mago Merlín – sino que el Estado, como parte de Europa, tendrá que jugar un papel primordial en esta estrategia.

En el contexto de la crisis económica que se producirá como consecuencia de las medidas adoptadas para combatir la pandemia, ¿qué pasa con el Estado Español?

Por resumirlo brevemente, por motivos políticos, ha vivido por encima de sus posibilidades. Ni industrialmente, ni en servicios exportables (tecnologías, etc.) somos los más punteros del mundo, ni aportamos un gran valor añadido por mano de obra, ni somos una economía con un gran PIB por habitante, sin embargo se ha pretendido tener un estado del bienestar claramente por encima de nuestras posibilidades que ha generado de forma manifiesta un desajustado balance entre gastos e ingresos debido entre otros a los siguientes hechos:

Por la partida del gasto, el coste sanitario es manifiestamente ineficiente (no resiste ninguna comparación con el sector privado)… hay demasiados universitarios desaprovechados, subvenciones sin control, funcionarios demasiado bien pagados, el PER, el injusto sistema de pensiones, etc., la lista es interminable.

Por el lado de los ingresos tenemos un gran fraude fiscal, fraude en el paro, unas pensiones máximas quizás excesivas respecto a su aportación, posiblemente no sostenibles en el largo plazo, las pensiones no contributivas exentas de cualquier pago, los cupo vasco y navarro, etc. La lista aquí también puede ser larga.

¿Cuál es la consecuencia de todo esto?

  • Una imparable deuda pública que durante la crisis previsiblemente se incrementará por encima del 130% del producto interior bruto
  • Un incontrolable déficit público que impide tener ningún margen de maniobra ante crisis coyunturales, con un gran peso del pago de la deuda – que supone pagar una media anual de intereses de más de 31.500 millones anuales o 3,6 millones de euros a la hora – y que se incrementa día a día tanto por el aumento del capital como del interés.

Por tanto, nos encontramos en una situación en la que la economía – como fuente de ingresos del Estado – que apenas estaba empezando a salir de la recesión y un Estado con muy pocas herramientas efectivas de acción (aparte de volver a endeudarse verbigracia del Banco Central Europeo).

Para rematar el asunto tenemos un gobierno social-comunista al que lo único que le importa es contentar a su galería y al que seguramente no le importaría volvernos a hundir en la miseria – ya lo hizo el Gobierno socialista de Zapatero en el año 2009, hasta que la UE y los mercados le forzaron a cambiar – con tal de cumplir su panfleto dogmático.

¿Por qué hablar del Estado?
Porque el gasto supone más del 40% del PIB de España y cada euro mal gastado o invertido de forma no productiva, supone que se ha detraído, vía impuestos de los ciudadanos y empresas, que podrían haber sido mejor empleados.

El Estado tiene la obligación y el deber de gestionar con un enfoque racional el gasto en partidas productivas y desde no desde un enfoque puramente político (inversión en votos). Hace tiempo que se debió cambiar este enfoque y así nos lo han advertido desde todas las instancias europeas

Autor: Vicente Suarez, socio director en ILEspain y asociado a RALOG – Red de Ayuda Logística

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