El auge del e-commerce a nivel mundial ha puesto “patas arriba” la gestión del espacio público. Hemos sustituido el desplazamiento del ciudadano a la tienda por un despliegue masivo de paquetes viajando hacia nuestras casas. Este cambio de paradigma ha fracturado la armonía urbana en dos frentes críticos: la congestión del espacio y el impacto medioambiental.

La ruptura de una cadena perfecta
Desde el punto de vista de la Supply Chain, la logística tradicional es una obra maestra de la eficiencia. Contenedores de 40 pies, palets estandarizados y camiones optimizados se diseñaron para mover el máximo volumen al menor coste posible.

Para entender la sensibilidad del coste, observemos estos datos:

  • Alimentación: La logística supone entre un 3% y un 10% del precio final.
  • Moda y Electrónica: El porcentaje baja del 1% respecto al valor del producto, pero se mantiene alto a nivel kg o m3, que es lo que marca el coste logístico.
  • Agua: Un caso extremo donde más del 80% del coste es puramente logístico.

El sistema tradicional asumía que nosotros haríamos la “última milla”: coger el coche, aparcar, hacer el picking unitario en el lineal y llevar las bolsas a casa. Pero el comercio electrónico rompió ese contrato.

El caos de la unidad interior
Hoy, el diseño de la cadena de suministro se quiebra al llegar a la ciudad. En un Fulfillment Center (FC), los productos ya no se mueven en cajas cerradas, sino en unidades individuales listas para un picking exprés de 4 horas.

El esfuerzo para entregar estas unidades es titánico y, a menudo, ineficiente:

  • España 2025: Se estima un volumen de 1.300 millones de paquetes al año (3,5 millones al día).
  • El gigante Amazon: Gestiona casi 2 millones de paquetes diarios en territorio nacional.
  • El caso Madrid: Concentra el 20% del volumen nacional. Esto se traduce en 750.000 paquetes diarios que requieren unas 15.000 furgonetas dando vueltas simultáneamente, aparcando en lugares imposibles y entregando en edificios sin porteros ni ascensores.

El dato crítico: Se estima que en Madrid hay unos 3.000 puntos de entrega. La ineficiencia es total: furgonetas de distintas compañías pasan por el mismo punto 4 o 5 veces al día, cuando una sola parada debería bastar.

¿Un reto nuevo? El espejo del canal Horeca
España es el país de los bares, y el canal Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías) ya gestiona un volumen similar. En Madrid, sus 17.000 puntos de entrega generan unas 102.000 entregas diarias.

¿La gran diferencia? Un bar siempre está abierto para recibir la mercancía. Tu casa, no. Aquí reside el fracaso del primer boom de las “punto com” en el año 2000: solo 1 de cada 3 intentos de entrega tenía éxito. Hoy, los lockers y puntos de conveniencia (usados en un 20% de las entregas según GLS) han aliviado el problema, pero el ecosistema sigue saturado de devoluciones y logística inversa, especialmente en el sector moda.

La solución: Ordenar el diseño desde lo público
Si la basura —un flujo constante de residuos desde casa al vertedero— se gestiona mediante un sistema público articulado y contenedores diseñados específicamente, ¿por qué dejamos la entrega de mercancías al libre albedrío?

Para garantizar una entrega única diaria y liberar nuestras calles, la solución pasa por una colaboración público-privada:

  1. Infraestructura Común: Utilizar una red de referencia (como la de Correos Express) que ya posee la capilaridad necesaria para llegar a cada rincón una vez al día.
  2. Hubs de Intercambio: Crear puntos de encuentro donde las operadoras privadas entreguen su carga a un gestor de “última milla” único o zonificado.
  3. Modelo de Concesión: Al igual que la limpieza urbana, la última milla podría adjudicarse mediante concurso público por distritos, asegurando precios competitivos y tiempos de servicio estables.

Conclusión
En España, 13 de cada 100 euros ya se gastan online, y la cifra camina hacia los 25 euros de mercados como el británico. El caos no va a detenerse solo.

Solo separando la logística privada de la gestión del espacio público de la “última milla” podremos evitar el infarto urbano. Ordenar la ciudad con un sistema de colaboración dimensionado no es solo una opción logística, es la única solución para que nuestras ciudades sigan siendo vivibles.

Autor: Enrique López Barea, CEO D Digital Warehouse y colaborador habitual de RALOG – Red Ayuda Logística

 

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