vacuna covid

En nuestro planeta vivimos 7.794 millones de personas y tenemos un producto que interesa al 70% de todos nosotros. Tal producto está siendo desarrollado por la mayor concentración de inteligencia que nunca existió en el planeta. Sabemos también que el producto llegará y evolucionará rápidamente desde las primeras versiones a otras más eficaces, existiendo la posibilidad de una rápida obsolescencia de las primeras series sobre las siguientes. Aún no está claro si el producto será de una sola pieza o requerirá de varias que juntas formarán el producto final. Es un producto frágil, que requiere mantener la cadena de frío desde la planta de fabricación hasta su entrega en cada destinatario, incluso en territorios con infraestructuras poco consolidadas y deficientes.

Ya os imaginaréis que estamos hablando de la ansiada vacuna contra el COVID-19. ¿Cómo distribuirla de manera segura y rápida por todo el mundo? La logística vuelve a ser llave fundamental para encontrar respuesta a semejante interrogante.

En unas primeras estimaciones, y contando con la posibilidad de que, además de la primera dosis habrá que aplicarse un refuerzo después de meses o años, para distribuir los más de 10.000 millones de dosis iniciales se requerirán hasta 200.000 envíos en contenedores, 15 millones de entregas en cajas refrigeradas.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ya está trabajando en un plan para que el transporte aéreo pueda distribuir de manera rápida y segura a la vacuna en todos los países del planeta. Sus primeros cálculos indican que serán necesarios unos 8.000 aviones Boeing 747. Eso sin contar con que estos envíos hay que hacerlos con hielo seco, en cajas especiales y en una cantidad específica, para cumplir la normativa de peligrosidad en el transporte aéreo.

Para IATA, también habrá que trabajar en cuestiones como agilizar las operaciones en los aeropuertos y requisitos para la tripulación. Entre esas facilidades incluyen darle prioridad de aterrizaje y despegue a los vuelos que transporten vacunas contra el coronavirus o que los miembros de las tripulaciones de esos vuelos sean exceptuados de las cuarentenas.

El desafío es aún mayor teniendo en cuenta que un tercio del planeta no tendrá fácil acceso a cualquier tipo de tratamiento que necesite refrigeración, debido a que no hay suficientes instalaciones de última milla ni capacidad de almacenamiento en gran parte de África, Asia y Sudamérica.

DHL y McKinsey & Company, en un trabajo conjunto publicado hace pocos días, han identificado los puntos críticos a lo largo de la cadena de suministro del Covid-19. Uno de ellos es la temperatura. El tiempo promedio para el desarrollo de una nueva vacuna en condiciones normales, oscila entre los 5 y 20 años. En ese tiempo los laboratorios consiguen alcanzar la estabilidad de los compuestos de la vacuna a una temperatura de entre 2 y 8°C, el rango en el que se transportan las “vacunas tradicionales”.

Con el objetivo de acelerar los tiempos de la vacuna COVID-19, se “saltan etapas” y se imponen requisitos más rígidos en materia de temperatura para asegurar el mantenimiento de su eficacia durante el transporte y el almacenamiento. Para tener una idea de lo que esto significa, hay casos en los que el transporte de los sueros debe hacerse a -80°C. Nada que ver con el rango estándar (entre 2 y 8º C) en el que se transportan los productos sanitarios.

La experiencia vivida en los primeros meses de la crisis sanitaria puso de manifiesto que transportar suministros médicos desde orígenes lejanos y distribuirla al interior de cada país para que los elementos pudieran usarse en primera línea fue una de las actividades esenciales para responder durante la primera fase de la emergencia sanitaria. La logística interna supuso un gran desafío debido a la concentración geográfica de la producción, las limitadas capacidades de carga aérea y la falta de controles de calidad de llegada. Todo ello hizo demorar la respuesta en la entrega de material y malgastar recursos en transportar equipos que no pudieron utilizarse por no ser de la calidad esperada.

Debemos estar preparados para el escenario logístico más riguroso. Hay que establecer bien los requisitos logísticos e identificar los posibles cuellos de botella en los puntos clave de la cadena de suministro. Desde el transporte intermedio, el envío intercontinental, el almacenamiento, la distribución local y el almacenamiento final en el lugar de utilización.
Con esta perspectiva, ganaremos la batalla al COVID-19 con la vacuna en la que trabaja todo el conocimiento mundial. Pero seremos los logísticos los que haremos llegar la “poción mágica” a cada uno de los rincones del planeta. Todo un gran desafío por delante.

Roberto Aguado

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